El mercado inmologístico español continúa mostrando una notable fortaleza. La demanda de plataformas logísticas e industriales se mantiene activa, la inversión sigue encontrando oportunidades y las empresas continúan buscando ubicaciones estratégicas para ampliar su capacidad operativa.

Sin embargo, existe un factor que rara vez ocupa los titulares y que, sin embargo, condiciona buena parte del desarrollo del sector: los plazos urbanísticos.

Cuando se habla de la escasez de naves logísticas modernas o de la falta de suelo disponible en determinadas zonas, suele pensarse que el problema radica únicamente en la ausencia de terrenos. Pero la realidad es bastante más compleja.

En muchos casos, el suelo existe. Lo que ocurre es que todavía no está en condiciones de convertirse en una plataforma logística operativa. Y ahí es donde entran en juego los procesos urbanísticos.

Del suelo al activo logístico: un recorrido mucho más largo de lo que parece

Desde fuera puede parecer que desarrollar una nueva plataforma logística consiste simplemente en adquirir un terreno y comenzar las obras. Sin embargo, detrás de cualquier nave logística existe un largo recorrido administrativo, técnico y urbanístico que puede prolongarse durante varios años.

Antes de que una empresa pueda empezar a construir es necesario completar numerosos trámites relacionados con el planeamiento urbanístico, la gestión del suelo, la urbanización, las infraestructuras, las autorizaciones sectoriales y la obtención de licencias.

A todo ello se suma la coordinación entre diferentes administraciones, organismos y suministradores.

Como consecuencia, el tiempo que transcurre entre la identificación de una oportunidad y la entrega de una plataforma terminada suele ser considerablemente superior al que muchos usuarios imaginan.

Una demanda que evoluciona más rápido que la oferta

Mientras los procedimientos administrativos mantienen unos tiempos extremadamente largos, las necesidades empresariales evolucionan cada vez con mayor rapidez. Las compañías modifican sus redes logísticas, amplían capacidad, incorporan automatización, implantan nuevos procesos productivos o reorganizan sus cadenas de suministro en plazos mucho más cortos.

Este desfase genera una situación habitual en el mercado: existe demanda para determinados activos, pero la nueva oferta tarda años en llegar. Por ello, muchas operaciones terminan concentrándose sobre un número limitado de activos disponibles, especialmente en las zonas más consolidadas.

La escasez de suelo finalista

Uno de los conceptos que más se repite actualmente en el sector es el de suelo finalista. Y es que no todo el suelo industrial puede desarrollarse de forma inmediata.

Para que una parcela esté realmente preparada para albergar una plataforma logística debe haber completado previamente todos los procesos urbanísticos necesarios y disponer de las infraestructuras básicas que permitan su desarrollo.

Precisamente, la disponibilidad de este tipo de suelo es uno de los principales retos del mercado, especialmente en los grandes ejes logísticos de la zona centro.

La consecuencia es evidente: cuanto menor es la oferta de suelo preparado para construir, mayor es la presión sobre los desarrollos existentes.

La importancia de planificar con antelación

En este escenario, las empresas que necesitan implantar nuevas instalaciones ya no pueden esperar a tener una necesidad inmediata para iniciar la búsqueda.

Cada vez resulta más habitual que los proyectos logísticos comiencen a planificarse con varios años de antelación. Esta anticipación permite identificar oportunidades, valorar distintas ubicaciones y adaptarse a los tiempos necesarios para que un desarrollo llegue a buen puerto.

En paralelo, también está impulsando el crecimiento de fórmulas como los proyectos llave en mano (built-to-suit), que permiten diseñar activos adaptados a las necesidades concretas del usuario desde las primeras fases del proyecto.

La segunda corona gana protagonismo

Los plazos urbanísticos también están influyendo en el mapa logístico de la zona centro.

Ante la limitada disponibilidad de suelo en los mercados más consolidados, muchas empresas están ampliando su radio de búsqueda hacia municipios donde todavía existe capacidad de desarrollo.

Localidades como Marchamalo, Cabanillas del Campo, Azuqueca de Henares, Illescas, Borox o Seseña han ganado protagonismo precisamente porque ofrecen mayores posibilidades de crecimiento y nuevos desarrollos.

No se trata únicamente de una cuestión de precio. En muchas ocasiones, estas ubicaciones permiten desarrollar proyectos con mayor rapidez y sobre parcelas más adecuadas para las necesidades actuales de la logística.

Energía e infraestructuras: nuevos factores que alargan la planificación

Pero es que, además, la planificación urbanística ya no depende únicamente del suelo. La creciente electrificación de la industria y la logística está convirtiendo la disponibilidad de potencia eléctrica en otro factor decisivo.

Automatización, refrigeración, robotización, movilidad eléctrica o centros de datos requieren capacidades energéticas muy superiores a las de hace apenas unos años. Por ello, muchos proyectos necesitan coordinar el desarrollo urbanístico con la planificación de las infraestructuras eléctricas.

Este aspecto añade una nueva capa de complejidad a la puesta en marcha de plataformas logísticas de nueva generación.

La colaboración público-privada será clave

El desarrollo del mercado inmologístico requiere una planificación que combine adecuadamente las necesidades del sector privado con la capacidad de respuesta de las administraciones.

La agilización de procedimientos, la planificación de nuevo suelo empresarial y la inversión en infraestructuras serán elementos fundamentales para mantener la competitividad de los principales polos logísticos.

No se trata de reducir garantías o simplificar controles, sino de conseguir procedimientos más eficientes y previsibles que permitan acompasar la generación de nueva oferta con las necesidades reales del mercado.

Un reto que afecta a toda la cadena logística

Cuando un desarrollo urbanístico se retrasa, el impacto va mucho más allá del promotor. También afecta a empresas que necesitan ampliar instalaciones, operadores logísticos que buscan nuevas plataformas, compañías industriales que quieren crecer, inversores que esperan desarrollar proyectos y, en última instancia, a la competitividad de las cadenas de suministro.

Por ello, los plazos urbanísticos no deben entenderse como una cuestión exclusivamente administrativa. Se han convertido en un elemento estratégico para el desarrollo económico.

AREA: conocimiento del mercado desde las primeras fases

La experiencia demuestra que una buena operación inmologística no comienza cuando una nave sale al mercado, sino mucho antes. Conocer el grado de maduración de los desarrollos, identificar las oportunidades futuras y comprender los tiempos reales del mercado permite ofrecer soluciones más ajustadas a las necesidades de empresas, promotores e inversores.

En un sector cada vez más competitivo, la anticipación resulta tan importante como la propia ubicación del activo.

En definitiva, la logística española mantiene unas perspectivas sólidas de crecimiento, impulsada por la transformación de las cadenas de suministro, el comercio electrónico, la automatización y la necesidad de plataformas cada vez más eficientes.

Sin embargo, para que ese crecimiento pueda materializarse será imprescindible acompasar la demanda con la generación de nueva oferta. Y eso pasa, necesariamente, por abordar uno de los grandes retos silenciosos del sector: unos procesos urbanísticos capaces de responder con mayor agilidad a las necesidades de un mercado que evoluciona cada vez más deprisa.